¡aló!, ¿montemar?

Tomaron para vivir una bonita casa blanca.
Y su hijo fue compañero de juegos de niños que reían,
desnudos, haciendo castillos de arena en la playa.

José Marzo (“Tormenta en la Costa del Sol”, 1970)

Este apartado, de nombre aparentemente frívolo, lo consagramos a un problema muy serio: la demolición sistemática de villas y mansiones de Montemar y su sustitución por impersonales bloques de pisos y chalés adosados.

Azulejo en un chalé en ruinas en Montemar
Postal antigua de Montemar, un barrio hoy desfigurado

Esta destrucción del barrio más residencial de Torremolinos, es una ofensa al buen gusto y a la historia de la localidad. Sus villas de los años 40, 50, 60, edificadas con elegancia y sobriedad, pertenecen a la historia arquitectónica y turística de la Costa, y también a la literaria, pues fueron escenario obligado de las novelas de autores internacionales como Michener, Goytisolo, McGivern, Sánchez Dragó, Palomino. Estas casas representan una época de esplendor y fama internacional de Torremolinos, y albergaron personajes cosmopolitas y sofisticados, venidos de todo el mundo, como el melómano y mecenas Henry Boguslawski, o como el último embajador del zar Nicolas II en España.

Se derribó "El Olivo", la mejor mansión de Montemar, sustituído por un bloque de enormes dimensiones. Se demolió "El Heliotropo", chalé de la impagable Marujita Díaz, y así, parcela a parcela, estas maravillosas casas van siendo sustituidas por vulgares adosados.

Adios a El Olivo, la mejor mansión de Montemar

Nosotros preferimos defender la historia, la buena arquitectura y la conveniencia de que Torremolinos cuente con algunas zonas no masificadas. Salvemos lo que queda de Montemar, sus casas y sus jardines, patrimonio hoy de todos nosotros y de nuestra memoria.