beatniks, psicodelia, hippies...

Recuerdo un día en Torremolinos en que vi una de esas
comunas hippies y todo el mundo tenía veinte años
y nadie tenía ninguna obligación y todo era maravilloso
James A. Michener ("Hijos de Torremolinos", 1971)

Podemos hacer todo en Torremolinos... no hay ningún
convencionalismo, nada de reglas y muy pocas leyes...

Denise Robins (“Shatter the sky”, 1962)

Ayer los civiles se llevaron a un grupo de tíos
de esos con melena, estaban en Torremolinos...

José María Sanjuan (“Réquiem por todos nosotros", 1969)

Torremolinos, lugar de sol y libertad, fue un paraíso para jóvenes inconformistas, y para ideólogos y escritores que retrataron los movimientos contraculturales de mediados del siglo XX.

Torremolinos (1961). Fotografía de B. de Ford

Ya hemos citado, en el apartado de visitantes, al doctor Timothy Leary, personaje controvertido por su defensa de las drogas. Estuvo en la ciudad en 1959 y ha dejado relatada su experiencia en Torremolinos con sustancias que lo dejaron postrado durante varios días.

Publicidad en la desaparecida boutique Helmut

Pero, además de este conocido gurú de la psicodelia, muchos jóvenes inconformistas recalaron en Torremolinos. James Michener en su ya citado libro The Drifters –traducido como Hijos de Torremolinos- se refiere a los cientos de jóvenes que vagaban por las calles de la localidad evitando tropiezos con la policía, y sitúa Torremolinos en un circuito que pasaba por lugares como Marrakesh, Antibes o Mallorca. Menciona asimismo los estilos musicales de los discos se oían en la localidad: psicodelia, folk-rock, guiños medievales u orientales.

El bar que centra la acción de Hijos de Torremolinos está inspirado en un bar real, el Harry´s Bar, en la plaza de la Gamba Alegre, propiedad de dos carismáticos Harry Hubert y Matt Carney, este último mítico corredor en los sanfermines de Pamplona.

Jóvenes en el exterior del Harry´s Bar. Se aprecian influencias que
inspiran "The Drifters": Torremolinos y Marruecos. Cedida por James Stewart
Año 1963. Un grupo finlandés con el nombre de "Torremolinos".
Fotografía: Keikalla

Las furgonetas volkswagen, con frecuencia pintadas, se convirtieron en todo un símbolo de aventura para numerosos jóvenes, y están relacionadas con el mundo del acid-rock y la psicodelia. Por supuesto también recalaron en Torremolinos.

En Torremolinos (1974). Cedida por Bob Howe

Otra furgoneta volkswagen en calle San Miguel

Con sus melenas y barbas, su pacifismo, su amor a las flores, a las drogas alucinógenas, al amor libre y a un entendimiento de la vida alejado de obligaciones y corsés burgueses, los hippies de los años sesenta y primeros setenta estuvieron también en Torremolinos.

Nacen lugares míticos como algunos bares en La Carihuela: el Fat Black Pussy Cat, y el Fígaro. Estos bares estaban decorados con velas, papel de periódico o collages en las paredes y en ellos se fumaba “hierba”, según Antonio D. Olano en su Guía Secreta de la Costa del Sol. Fígaro, además, tenía a veces banderas canadienses decorando su fachada. Y viviendas en la cuesta del Bajondillo, como "El volcán" que había pertenecido a Lord Willoughby. Viviendas donde conviven artistas, bohemios, vínculos sorprendentes que sorprenden a los autóctonos.

Bar Fat Black Pussy Cat (1965). En la puerta John Mitchell, su propietario.
Los niños son Chris (de azul) y Dan; fotografía tomada por su padre
el pintor Fred Caston. Cedida por Dan Caston

Bar Fat Black Pussy Cat.
Fotografía de la Guía Secreta de la Costa del Sol
de Antonio de Olano

Loli Avisbal en la puerta del Fat Black Pussy Cat

El testimonio de algunas chicas de Torremolinos que frecuentaban estos locales resulta muy interesante. Había "porros" y permisividad sexual, pero a la vez respeto por aquellas chicas que solo iban por la música y por estar en un ambiente diferente y tener amigos extranjeros.

Chicas en la puerta de Fígaro. Cedida por Loli Avisbal

Como en todo movimiento rompedor, el fenómeno hippie pronto se vacía de contenido para convertirse en una moda. Y Torremolinos, lugar de moda, se vió inundado de vestimentas floreadas con reminiscencias árabes e hindúes, lentejuelas, flores en el pelo y mística budista. Ángel Palomino, en su novela Torremolinos Gran Hotel, afirma que los clientes de la terraza del bar Pedro´s: “no son hippies pero simpatizan: les gusta andar descalzos, no dar golpe, vestir, según la inspiración del momento, lo mismo a lo Dorian Grey que a lo Garibaldi que a lo Confucio. No se meten con nadie, beben lentamente, fuman tabaco, marihuana o lo que sea”.

Torremolinos (1972). Fotograma del reportaje "Costa del Sol Malagueña":
Filmoteca Española/RTVE

Estas modas foráneas pronto tuvieron su reflejo local: los “pasotas” de los años setenta, procedentes muchos de ellos de la ciudad de Málaga, con un acervo musical basado en el rock progresivo, que confraternizaban con los extranjeros en lugares como la cervecería “Bier-Keller”.

Cervecería Bier Keller, en calle San Miguel

Además de la música traída directamente desde el extranjero o comprada en Gibraltar, la tienda de discos de Torremolinos por excelencia fue discos Mi-Sol (con dos establecimientos, en las calles San Miguel y Cauce).

Diane, Mick, Wendy, Robbin, Pam (1973). Venían de correr en los sanfermines.
Cedida por Pam Brindle
Tere Ruiz, Paqui y Loli Avisbal en Mi-Sol de calle Cauce (1979).
Cedida por Loli Avisbal
Discos de rock con canciones dedicadas a Torremolinos

Tres Barriles era uno de los muchos bares con público predominantemente foráneo y ha llegado a nuestros días con este espléndido cartel de la época. En cambio The Red Lion, en el Bajondillo, desapareció no hace mucho, dejando atrás el recuerdo de muchas noches de música en directo, de grupos estilo, por ejemplo, Santana.

Cartel del bar Tres Barriles
Desaparecido bar The Red Lions

Los últimos años setenta alumbraron otros movimientos: la fiebre de la música disco que arrasó en todas las discotecas de Montemar, el glam-rock en Mach-One, o el punk, que también irrumpió en Torremolinos en locales como Disney, pero esa es ya otra historia.