arquitectura

El turismo cambiaba rápidamente el paisaje.
Las casas proliferaban como hongos
y distinguí varios hoteles de lujo entre los pinos.

Juan Goytisolo ("La isla”, 1961)

Aunque el crecimiento urbano de Torremolinos –sin duda caracterizado durante mucho tiempo por el desorden y la especulación- ha sido cuestionado en bloque, en la actualidad un análisis más sosegado nos permite apreciar que no todo en este desarrollo urbano fue negativo. Y no solo nos referimos a ese período ya conocido como “estilo del relax” que en los años cincuenta y primeros sesenta adaptó el Movimiento Moderno y la herencia post-decó a la amabilidad de la costa con magníficos edificios como el innovador Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, concluido en 1936 por el arquitecto Alonso Martos, el bazar Aladino (Fernando Morilla, 1953), el hotel Pez Espada (Juan Jáuregui Briales y Manuel Muñoz Monasterio, 1959) y otros ya desaparecidos. Sino a muchos de los edificios y urbanizaciones posteriores, sujetos a las demandas de los promotores y el mercado, pero valiéndose de una arquitectura avanzada e interesante que los redime frente a la deliberada vulgaridad de los edificios que ahora proliferan en tantos municipios españoles.

Podemos dividir la arquitectura de Torremolinos en dos bloques. El primero es el de aquellos edificios residenciales anteriores al boom turístico: villas de recreo de los años veinte y treinta del pasado siglo, como el palacio de los Navajas, la casa de María Barrabino y muchas otras demolidas como San Antonio. A los que se sumarían aquellos primeros hoteles que imitaban la arquitectura tradicional andaluza, hoy desaparecidos o muy transformados.

Parador de Montemar
Castillo del Inglés
Hotel La Roca
Hotel Marcelo en el Bajondillo
Hotel Casablanca
Hotel Lloyd
Chalé en la avenida del Pan Triste
Hotel Los Nidos
Bazar Aladino. Fernando Morilla 1953).

Una segunda etapa, propiciada por el desarrollo turístico fue de una arquitectura innovadora, que acabaría desembocando en los altos edificios del desarrollismo. Los hoteles son quizás las construcciones mejor conservadas, al menos sus fachadas, y en ellos se aprecia el estilo internacional que caracterizó a Torremolinos. Los edificios de viviendas, por el contrario, padecen la colocación de cierres de aluminio, tendederos y otros antiestéticos añadidos exteriores. Se hace imprescindible otorgar un grado de protección a las construcciones más destacadas, aprobando unas normas estilísticas obligatorias para toda actuación y reforma en sus fachadas, uniformar los cierres de sus terrazas y recuperar la imagen original de sus locales. Como ejemplo, el excelente conjunto La Nogalera (Antonio Lamela Martínez, 1963), que debería ser el paradigma del lujo en pleno centro de Torremolinos y muestra hoy un aspecto deteriorado.

Hotel Pez Espada.
Juan Jáuregui Briales y Manuel Muñoz Monasterio (1951)
Hotel Carihuela Palace. Manuel Jaen (1960)
Maqueta del Palacio de Congresos. Rafael Lahoz yGerardo Olivares (1967)
Fotografía: Cifra Gráfica - Archivo Carta de España (Ministerio de Empleo)

Urbanización La Nogalera, Antonio Lamela (1963). Cedida por Antonio Lamela

La Meridiana/San Enrique.
Antonio Lamela (1969).
Cedida por Estudio Lamela

Urbanización Playamar. Antonio Lamela (1963)

Otras edificaciones que deben incluirse en una puesta en valor de la arquitectura de Torremolinos son el conjunto Carihuela Palace (Manuel Jaen, 1960). El conjunto Eurosol (Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, 1963) que conserva magníficos jardines. La impactante urbanización Playamar (Antonio Lamela, 1963) cuya construcción fue polémica por la altura de sus torres. El hotel Cervantes (Fernando Rodríguez y Ricardo Álvarez de Toledo, 1970). Las Tres Torres (Luis Alfonso Pagán, 1971) de la avenida de los Manantiales, en la estela de las levantadas en Madrid por Sáenz de Oiza; en ellas es preciso frenar el progresivo deterioro de sus balcones y de sus elementos decorativos originarios basados en formas circulares. El edificio Castillo de Santa Clara (José Mª Santos Rein, 1971). La urbanización Pueblo Blanco (Antonio Valero Navarrete, 1972) que actualizó la arquitectura popular cuidando al máximo los detalles. Sin olvidar la arquitectura pública con su mejor ejemplo en el Palacio de Congresos y Exposiciones (Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, 1967) con su entorno amenazado por la especulación.

Hotel Tres Carabelas, Antonio Lamela (1961),
demolido en 2007 por incuria del Ayuntamiento de Torremolinos
Decoración del hotel Tres Carabelas/Meliá Torremolinos.
Hoy tristemente destruido. Fotografía cedida por la revista Absolute Marbella
Urbanización Aloha. Antonio Lamela. Postal Beascoa
Hotel Cervantes.
Fernando Rodríguez y Ricardo Álvarez de Toledo (1970)
Tres Torres en avenida de Los Manantiales.
Luis A. Pagán López (1971)

otros municipios de la costa del sol

Demolido hotel Mare Nostrum. Fuengirola
Hotel Coronado. Marbella.
Fernando Rodríguez Ibáñez (1970)
Hotel Don Carlos. Marbella.
José María Santos Rein y Alberto López Palanco (1967).
Fotografía: Instituto Andaluz del Patrimonio histórico